Dulce muerte


Pálido se enfría en la sombra
dulcemente hueco,
el cuerpo que el aliento
albergaba un día.
y aun estando enjuto
merodea rubio,
el pelo turbio en alegría.

y va ligero como pluma
el rumor que expira de la bruma
peinando la sombra.

Ignora las piedras que le hieren
Ignora la ductilidad de la muerte
y se aferra al aliento de pájaro
sobre amaneceres espinosos
porque así tiene ojos desnudos
manteniendo un pecho latiente
dejando para siempre
un beso sobre la tierra
la única indigencia que yo amo.

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